¿… y comunitaria?

Obi-Wan dice: cuando yo fui Padawan, todavía se hablaba de nuestro segundo apellido, la medicina comunitaria. Había cursos de salud comunitaria, de salud pública. El diagnóstico de salud del área era algo obligatorio, la salud ambiental, la relación con la comunidad, la educación para la salud. Todo formaba parte del modelo biopsicosocial con el que íbamos a cambiar no ya la medicina, si no el mundo (efecto de risa mefistofélica). Éramos tan diferentes a esos otros residentes con los que compartíamos la puerta del hospital. Tan involucrados, tan filosóficos, tan poéticos. Pero acababan los cursos, eras en R3 y te ibas al centro de salud.

Allí la realidad era distinta. El diagnóstico de salud del área era un tomo mal encuadernado en el que se apreciaban muchas horas de trabajo para realizarlo y poco uso posterior. Nadie salía del centro salvo alguna enfermera a vacunar a las escuelas. Después, ya Jedi, he tenido pocas experiencias con la comunidad. Agridulces. Desde la acidez de intentar convencer a la comunidad de la conveniencia de que los embarazos y la prevención del cáncer ginecológico fueran asumidos por los médicos de familia, ayudado (¿ayudado?) por un director médico estúpido que apabulló a las mujeres con cifras indescifrables y acabó convenciéndolas de lo contrario, a la dulzura de un día antitabaco con actividades por la calle que a todos nos pareció un día de fiesta y en el que sólo faltó la verbena.

Hoy no sé a qué carta quedarme. En los centros de salud las actividades comunitarias están proscritas. Necesitan tiempo, el tiempo se compra con dinero y los que tienen el dinero…están en un cargo y son más partidarios de gastárselo en autobombo que en la comunidad. La población tiene criterios distintos a los nuestros y no nos entendemos. Protestan por las antenas para los móviles y aceptan encantados que sus hijas reciban una vacuna más que dudosa. Unos expertos dicen que Karelia del Norte fue un éxito y otros que fue una mentira. Uf.

Sin embargo, algo en el corazón que me queda me dice que si tipos como Rafael Cofiño (que pretende cambiar el mundo con una silla y un libro),  José Luis Turabián o Benjamín Franco (que se limitan a querer cambiar nuestra medicina con cada texto que escriben)  siguen convencidos de necesidad de la perspectiva comunitaria, no habría que perderla de vista.

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