El médico enfermo

Obi-wan dice: siempre he sido un lector voraz, pero no me había preguntado por qué hasta que hace unos años leí a Harold Bloom y su Cómo leer y por qué (Anagrama). Da variadas razones para leer (buscar la sabiduría o el placer, deshacernos de la soledad, conocer lugares y gentes que nunca estarán a nuestro alcance…) y cada uno puede encontarar la suya. Pero lo más interesante es lo que niega: leer no nos hace mejores personas. Puede hacernos más cultos, más cosmopolitas, pero no puede hacer que seamos más buenos. Lo dice con más gracia Luisgé Martín aquí.

Viene esto a cuento de una entrevista a un psiquiatra norteamericano que encuentro gracias a MedFam. La hija del Dr. Klitzman murió en la Torres Gemelas el 11-S. Ni siquiera encontraron el cuerpo. Tras el funeral, lo que parecía una gripe resultó ser una depresión. El Dr. Klitzman se vió de pronto al otro lado del diván. Tras superar la enfermedad publicó un libro en el que cuenta su experiencia y la de otros 70 médicos que sufrieron el paso de médico a enfermo. En la entrevista citada, hace un resumen de las ideas principales del libro. El médico enfermo, según Klitzman, toma conciencia de la importancia y severidad de los síntomas de las enfermedades. Percibe la existencia de fallos en el sistema y lo mucho que pueden influir en el ánimo del paciente la tardanza en una cita o un fallo en la tele de la habitación del hospital. Hasta aquí, de acuerdo. Probablemente uno no sabe de qué se habla cuando se habla del dolor de un cólico nefrítico hasta que lo ha padecido. Ni sabe lo rápido que se detecta que el médico se acaba de desentender del problema y sólo busca la manera de terminar la consulta hasta que no está sentado en la silla del paciente contando sus síntomas.

Mi desacuerdo llega con el resto de las conclusiones de Klitzman sobre el médico enfermo. Éste va a ser a partir de ahora más proclive a intentar comprender a sus pacientes, va a ver acrecentada su espiritualidad y va a ser capaz de sentarse en la cabecera del paciente para favorecer la interacción y de disculparse si le ha hecho esperar mucho rato… Toma ya. Basura bienpensante.

No es cierto. El médico enfermo va a conocer todas las incomodidades del paciente. Va a tener que tragar con las listas de espera y con las enfermeras generalas. Con las consultas por cumplir. Va a ser mirado por sus colegas con la incredulidad cariñosa con que se miran los errores de un niño. Al fin y al cabo ha fallado al sagrado mandamiento médico que impide que los médicos enfermen (Las “Magic White Coats” son otro acierto de Klitzman). Pero no va a ser mejor médico. Si antes de su enfermedad no era capaz de acercarse a los pacientes y no sabía que su sufrimiento estaba fuera de su entendimiento, pero no la posibilidad de sentarse en su cabecera, darle la mano o simplemente escucharle para al menos aliviarle con el poderoso analgésico de la humanidad… ese médico no era bueno cuando estaba sano y no lo va a ser ahora. Esas cosas o se traen de serie o se las trabaja uno, pero no se aparecen tras caernos del caballo de la propia salud.

Que la fuerza nos acompañe.

3 respuestas a El médico enfermo

  1. Sophie dice:

    Totalmente de acuerdo por lo observado en mis prácticas de hospital. Simplemente, ese médico se lleva dos cucharadas de su propia medicina y su propio comportamiento, además de la sensación de pérdida de poder y de aura mística, porque oh, ha enfermado, eso es imposible, un médico nunca enferma…

  2. Asun dice:

    Pues yo siento disentir….
    Por suerte nunca he estado tan enferma como para notar que pierdo poder porque siendo médico he enfermado…
    Pero sí os puedo decir, a ti Obi y a Sophie que aún siendo médico ¿razonablemente bueno? la enfermedad de primero mi padre y luego mi madre, ambos oncológicos sí me hizo cambiar mucho mi manera de ver la atención personal a los pacientes. Abrí los ojos y corregí muchos defectos que tenía en mi práctica clínica.
    Y no solo lo noté yo, sino también mi enfermero y mis pacientes. Comencé a establecer una relación mucho más fluida y más empática
    Si en conocimientos no influyó, en mi forma de ser y estar sí….
    Un abrazo
    Asun

  3. Obi-wan dice:

    Asun:lamento que tuvieras que pasar por tragos así para que “abrieras los ojos”. Pero yo sigo dudando (la duda es la raíz de la Fuerza). Como digo en el texto, estoy de acuerdo en que la situación de enfermedad puede hacerte ver algunas cosas que antes no veías, e incluso cambiar ciertas actitudes. Pero si no existe una base de buena práctica, un convencimiento interno de cómo se deben hacer las cosas, el hecho de haber conocido la enfermedad no cambiará nada de forma permanente. Otro asunto distinto es el profesional cuya práctica se ha empobrecido por culpa de condicionantes externos (burn-out, burocracia, rutina, funcionarización…) al que un caso determinado (un familiar, uno propio, el de un paciente especialmente llamativo) despierta de su sueño en el lado oscuro y le hace volver al lado correcto de la Fuerza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: