Discurso propio

Obi-wan dice: entre cursos, vacaciones y el calor que invita a pasar las tardes en la playa en vez de trastear con los ordenadores, se nos han pasado unas semanas con el blog parado. Mientras tanto, Padawan va cogiendo cada vez más responsabilidades y adquiriendo nuevas habilidades. Una de ellas es la adquisición de un discurso propio. Es decir, una manera personal de decir y explicar las cosas.

Hay profesiones en las cuales la creación, mantenimiento y, si es necesario, autonegación del propio discurso se convierten en arte, como en estos casos:

Una de las grandes peleas de los padawanes es con su inseguridad. Una de las maneras de vencerla es tener preparadas explicaciones razonadas convincentes para la mayoría de situaciones. Esto no es algo que se prevea y a lo que pueda dedicarse uno en casa, tipo hoy voy a prepararme el rollo de la gripe. El padawan en consulta se encuentra de pronto, solo, con la necesidad de hacer entender que para esta gastroenteritis no hacen falta medicaciones. Pero no encuentra cómo.

A lo largo del ejercicio profesional y generalmente por el método de acierto y error, vamos encontrando las palabras y expresiones que mejor se adecúan a lo que queremos transmitir, las que se parecen más a lo que pensamos, las que son mejor comprendidas y aceptadas, las que nos creemos más. Para ello se necesitan algunas cosas. Como siempre, hay que tener claros nuestros conocimientos, no hablar de lo que no sabemos ni querer tener opinión de todo lo relacionado con la salud porque eso hoy en día es imposible. Hay que fijarse en la respuesta de los demás pero esa no debe ser nuestra única guía, puesto que podemos acabar diciendo simplemente lo que los demás quieren escuchar.

De esta forma, sin proponérselo, el padawan tendrá con el tiempo un discurso preparado para los catarros (esos virus…), otro para la hipertensión arterial (esas arterias como tuberías de una casa), para las sospechas de neoplasias aún no confirmadas (aquí hay una inflamación que vamos a tener que estudiar), para el anciano que muere en su domicilio (ha estado bien cuidado hasta el final). Y, lo que será más importante, un estilo propio.

Nota: los ejemplos son unos míos y otros prestados.

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