Los otros

Obi-wan dice. debo ser el único por aquí que prefería que fuera Clinton y no Obama la que ganase las primarias demócratas en EEUU. Tengo dos razones; una de orden numérico y otra ideológico-realista. La numérica dice que puestos a elegir alguien de un grupo presuntamente oprimido que nunca ha gobernado el imperio, hay en EEUU y en el mundo más mujeres de cualquier raza que hombres de raza negra. La ideológico-realista dice que el supuesto carácter liberal de Obama puede ser verdadero en EEUU, pero aquí andaría más o menos a la dereha de Gallardón. Si alguien no se lo cree, que mire aquí quién dice estar en la misma posición que Obama, y que lo repita tres veces sin reirse, como el himno del Logroñés. La prueba es que nada más verse ya como candidato, ha empezado a variar sus posturas. (Digresión: ¿alguien cree que una buena persona puede llegar a optar a la presidencia de cualquier país?)

Un motivo para que aquí Obama caiga mejor que Clinton es que Clinton da la imagen de mujer de fuerte carácter (incluso de mala leche, vale) y entre nosotros las mujeres así nunca han tenido buena fama. El machismo hispano las prefiere sumisas. Mientras, Obama es el negro simpático y de buen rollo, y eso aquí no ha dado problemas hasta hace poco. Durante siglos hemos tenido cubierto nuestro cupo de racismo con los gitanos. Podíamos permitirnos sorprendernos de que en otros sitios fueran racistas con esos negros tan marchosos y que jugaban tan bien al baloncesto. Pero eso ya se ha terminado.

De pocos años a esta parte nuestras calles y nuestras consultas se han llenado de personas de todos los colores y procedencias. Lo que antes era una curiosidad simpática es ahora la norma. Sólo en nuestro cupo (y no es de los más variados), Padawan va a tener que tratar (cito de memoria) con mallorquines, peninsulares de casi todos los acentos, europeos ricos (ingleses, alemanes y algún holandés e italiano), europeos pobres (búlgaros, rumanos), latinoamericanos (argentinos, uruguayos, ecuatorianos, cubanos) e incluso uno de la Bombarda. Por nuestra zona faltan africanos. Este súbito cambio en la variedad de nuestros pacientes ha traído ya, como todas las novedades, problemas. Pacientes que se quejan de no ser tratados justamente (si yo fuera español…), pacientes que se quejan de cómo se les trata de bien a los nuevos (esperé una hora a mi cita y el que salió era un moro…), médicos que protestan de las exigencias de los que vienen de países más pobres (me quiero hacer un papanicolau cada seis meses, e ir al terapeuta) y del aprovechamiento que hacen los pensionistas ricos de la gratuidad de nuestras recetas rojas (Can you give me prescriptions for six months?).

Un capítulo aparte son las dificultades idiomáticas. A los pacientes europeos que pese a vivir aquí desde hace años no han aprendido nada de español ni catalán y se dan por satisfechos si encuentran un médico que chapurree inglés, y a los turistas que hablan un inglés degradado e incomprensible, se han sumado aquellos recién llegados que acuden a las consultas con intérpretes de dudosa capacidad para el empeño y los que no encuentran problema en ser atendidos por señas. Hace poco una joven búlgara llegó a nuestra consulta con un español más que precario. Tras unos minutos de ¿conversación? llegamos a la conclusión de que quería los resultados de una analítica que supuestamente ya se había realizado. Ni la teníamos nosotros ni constaba en su historia (Días después descubrimos que se la había pedido desde el PAC un compañero que, apiadado de su desconocimiento, le quiso allanar el camino para acabar complicándolo). De pronto, la paciente se levantó con lágrimas en los ojos y salió de la consulta. Uno ya está curado de espantos y pensé que ya volvería. Pero no lo hizo ella sino su cuñada mallorquina. Ya habíamos acabado la consulta y entró ella. Se sentó con el gesto de alguien acostumbrado a ser consentido y nos echó un chorreo considerable sobre nuestra falta de humanidad y descarado racismo. Le dejé hablar. Al pronto, sólo se me ocurrían dos opciones de respuesta:

A: Mire, cuando su cuñada y Ud. eran niñas en países lejanos y ni soñaban con conocerse, cuando las personas como su cuñada no tenían derecho a atención sanitaria pública en nuestro país, servidor ya tenía el culo pelado de atender inmigrantes gratuitamente en la calle de la Luna.

B: ¿Racista yo?, pero si ya atiendo igual de mal a todo el mundo.

Al final, gracias a esos cursos de entrevista clínica que hizo uno de joven, deseché tanto la vía indignada (A) como la sarcástica (B). Intenté, sin gran entusiasmo porque el veredicto ya estaba hecho, hacerle ver que de una dificultad idiomática no podían extraerse conclusiones como las suyas, que trato de aplicar los mismos raseros de medicina basada en criterios lo más científicos posibles, en el interés del enfermo y su entorno, y en la afectividad a todos los pacientes que trato sea cual sea su condición. No le convencí. Se fue más calmada pero con la misma idea con la que había entrado. Padawan estaba furioso.

Padawan: cada día hemos de poner en práctica las técnicas de entrevista clínica, ya que cada día te enfrentas a situaciones tensas, o personas con otras culturas, lo que lleva muchas veces a malentendidos.

A veces tengo la impresión que el médico de familia, parece “el malo de la película”, porque no le quieres recetar el último medicamento que ha salido al mercado y le ha recetado el especialista, o no ves necesario solicitar ciertas pruebas diagnósticas porque no les ves justificación ( RM, TAC…)…debes ser capaz de navegar entre todos estos mares y oceános de negociaciones si quieres mantener una buena práctica médica al igual que una buena relación con tus pacientes y no acabar la consulta furioso, desesperado, vapuleado o a gritos. Como se diría en términos de Tauromaquia, uno delante de situaciones conflictivas debe saber parar y templar para después mandar.

A veces me da la impresión como si el médico de familia continuamente se ha de justificar y demostrar todos y cada uno de los actos que realiza, mientras que el especialista lo que dice va misa y ya está…por suerte esto no ocurre siempre, ni mucho menos, ya que hay pacientes que antes de tomarse cualquier medicamento que le ha prescrito el especialista viene a la consulta, y como la propia palabra dice, te consulta que debe hacer si tomárselo o no, porque confía en tí porque le das seguridad, y la verdad es que cuando esto ocurre, uno se siente satisfecho de la buena empatía que tiene con su paciente.

PD: que la fuerza nos acompañe!!!

2 respuestas a Los otros

  1. Sophie dice:

    Los médicos de familia tenéis una paciencia digna de santos, porque lo que se ve en vuestras consultas dudo mucho que se vea en otras…A lo comentado por vosotros añadiría que muchos inmigrantes se niegan a que les trate una mujer, consideran que las mujeres sólo somos enfermeras, no podemos ser médicos o no somos tan buenas como un médico varón.

  2. Obi-wan dice:

    Eso que cuentas pasaba hasta hace poco, y pasa, también con los españoles. ¡Cuántas residentes no han sido requeridas en urgencias para vaciar la bacinilla! Se tendrán que ir acostumbrando, dado el creciente predominio femenino en nuestra profesión.
    Aunque algunas cosas… Una amiga mía atendía hace años a un hombre de raza gitana que tenía unas molestias en los testículos. Mi amiga, diligente profesional, le dijo que le mostrara la zona. El gitano guardó silencio unos segundos y:
    – Doctora, lleva usted razón, pero ninguna mujer, ni la mía en veinte años casado, me ha visto desnudo. No va a ser usted la primera.
    Mi amiga lo entendió y busco a un compañero varón que hizo el trabajo.

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