Obi-wan dice: J. es una de esas pacientes que todos padecemos y no sabemos manejar. Viene apoyada en su carrito, mal arreglada, casi siempre una hora después de la cita. Reclama múltiples recetas cuya posología organiza ella misma sin atender a nuestra opinión e insiste en dolencias para las que no encontramos nombre mientras desprecia el tratamiento de su diabetes. Sus catarros sólo se curan con antibióticos y si hacen falta seis visitas para que nos convenzamos, tendremos esas seis visitas. Siempre se va dejándonos el regusto amargo del trabajo mal hecho.
El otro día puso un domicilio casi cuando nos íbamos. Se había caído el día anterior. Resoplamos y acudimos a su casa. Tiene un patio con decenas de macetas amontonadas y una sombrilla vieja abierta cubierta por una alfombra sucia. Los muebles del interior están desordenados, con los sillones y parte del suelo repletos de ropa. Sobre una mesa varios envases de yogur vacíos, un tazón con restos de chocolate y una botella de vino. Las ventanas están todas con las persianas y las cortinas cerradas (es mediodía). Para llegar a su cuarto es preciso sortear alfombras arrugadas, bolsas de plástico y botellas de agua. El colchón es demasiado grande y sobresale por los pies de la cama. Sobre los muebles del dormitorio más ropa, colonias, jabones, medicamentos y vasos resecos. Yo había estado en su casa antes y el tiempo no había hecho más que empeorarlo todo.
Lo de la caída es lo de menos. Apenas un hematoma en la cadera. La visita nos hace comprender que la situación es mucho peor para ella que la nuestra cuando viene a consulta. Hay problemas, y graves. Ahora lo sabemos, y ha sido gracias a un maldito domicilio de última hora.
La próxima vez que J. venga a consulta nos desesperará lo mismo, pero sabremos más cosas y entenderemos mejor.
Citando a Oliver Sacks (¿aún no lo has leído, joven Padawan?) en el prefacio de Un antropólogo en Marte (Ed. Anagrama):
“La exploración de yoes y mundos profundamente alterados no es algo que se pueda llevar a cabo en una consulta o en un ambulatorio. El neurólogo francés FranÇois Lhermite es especialmente sensible a este hecho y, en lugar de observar simplemente a sus pacientes en la clínica, insiste en ir a visitarlos a su casa, en llevarlos a un restaurante o al teatro, o a dar un paseo en su coche, en compartir sus vidas cuanto le sea posible. (Algo similar ocurre, u ocurría, con los que practicaban la medicina general. Cuando mi padre, a la edad de noventa años, comenzó a pensar con cierta reticencia en el retiro, le dijimos: “Al menos deja de visitar a domicilio”. Pero él respondió: “No, seguiré visitando a domicilio… y dejaré todo lo demás”)”
Que la Fuerza nos ayude a no defraudar a Sacks y obligarle a seguir escribiendo de nosotros en presente.
Padawan: es triste como, la sociedad en la que vivimos hoy en dia; con casas, coches y todo tipo de lujos, sin hambrunas y con una sanidad pública universal, haya gente adinerada, que sobreviva en condiciones infrahumanas….por qué?….síndrome de Diógenes?…bueno y si lo fuera, que? pues muy bien, ya nos podemos poner de nuevo la medalla, por otro diagnóstico, otro nuevo síndrome con nombre propio ( esto era lo más difícil del MIR, aprenderse todos los nombres propios de la Medicina..buff ),…no sería mas bonito y más feliz que J. se fuese a vivir con sus hijos o familiares cercanos, o a una residencia, donde estaria con otras personas que le harían compañia y con las cuales se podría relacionar… esto invita a la reflexión, de las cosas que realmente son importantes en esta vida y no las ” chorradas ” de esta sociedad materialista.
Como dijo Epicurio, son tres las claves de la felicidad: Amistad, Libertad y Reflexión !!!
Ánimos jóvenes Padawans, que Epicurio también era un Jedi !!!